Carpe Diem

Así que echo a volar.

Dadme una moto, aunque sea un scooter, y me comeré el mundo. Sí, porque cuando vas frente al insti y está ella con sus amigos no puede haber nada mejor. No me atrevo a pararme, podría decirme delante de todos que no quiere recibir más mensajes míos de pringado. Así que me limito a pasar por ahí con el pelo revoloteando al viento bajo el casco y lanzarle una mirada como flecha de Cupido, que solo ella recibe.  Eso me da una marcha a tope. Sí, porque sin esa marcha acabo en sitios haciendo lo que todo el mundo sabe. Pero después me siento aún más deprimido y tengo que llamar a mi mejor amiga, y como no puedo contarle la verdad le hablo de otra cosa. Pero ¿puede hablarse de estas cosas con alguien?
Menos mal que la estrella de rayos rojos ha vuelto la cabeza para mirarme. Sabe que soy el autor del mensaje y con su mirada me confirma que mi estar en el mundo sigue teniendo una razón de ser. ¡Estoy salvado!

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