Carpe Diem

Hay un hilo que ata cosas aparentemente lejanas.

Alzo la vista y el río corre indiferente a los cambios mundiales, aquel río que ha recogido siglos de lágrimas, de alegría y de dolor, y las ha llevado donde tienen que estar las lágrimas: al mar, que por eso es salado. Aprieto mi amuleto de la suerte, que brilla azul en el azul de la mañana, y le noto cerca, tan cerca que es como si estuviese viviendo con dos corazones; el mío y el suyo, con cuatro ojos, los míos y los suyos, con dos vidas, la mía y la suya.

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